Niños y niñas refugiados cuentan con nuevos aliados en el salón de clase PDF Imprimir E-Mail
ImageCaracas, 19/03/2008 (ACNUR). “Hay que tratarlos bien y darles mucho cariño, porque son como visitantes que llegan a nuestra casa”, es la manera en que Michelle, una niña de 11 años cree que los refugiados deben ser recibidos en Venezuela. Michelle es una de 500 niños y niñas de una escuela en Caracas, que a través de juegos, cuentos, videos, títeres y composiciones plásticas han aprendido en un mes lo que es un refugiado.
 
A pesar de su corta edad,  los niños de esta y otras tres escuelas capitalinas saben que muchos de los colombianos que viven en sus comunidades han tenido que huir de Colombia a causa del conflicto armado. Una serie de dinámicas guiadas por jóvenes universitarios les han enseñado la importancia de la solidaridad, la tolerancia y la inclusión, así como la cara amable de Colombia: su cultura, tradiciones y la calidad de su gente.

Estas actividades forman parte de un programa de educación y sensibilización diseñado por ACNUR y la Universidad Central de Venezuela para combatir el racismo, la xenofobia y la discriminación en niños, niñas y jóvenes en comunidades receptoras de refugiados.  El programa involucra a estudiantes de relaciones internacionales que han escogido el tema de los refugiados y la integración para desarrollar sus actividades de servicio comunitario, obligatorias en Venezuela.

El programa abarca escuelas básicas de las cuatro comunidades populares de Caracas con mayor población colombiana, y es parte de la estrategia del ACNUR en Venezuela para brindar protección e informar sobre sus derechos a cientos de miles de personas que han cruzado la frontera huyendo del conflicto en Colombia, pero que permanecen invisibles por no haberse registrado.

Vincent Briard, oficial de protección del ACNUR, explica que este programa educativo busca además “sensibilizar a la comunidad receptora para que comprenda que los refugiados no son una amenaza, sino todo lo contrario, personas que han sido amenazadas y que al salir de su país son a menudo estigmatizadas. La escuela básica es un lugar clave para empezar a prevenir esto.”

ImageAntes de que lo cambiaran de escuela, Cristian  de 12 años, se sintió maltratado por sus primeros compañeros de clase “los demás niños no querían trabajar conmigo, me trataban mal y me decían que este no era un colegio para negros ni colombianos”. La actividad organizada por el ACNUR busca convertir a las niñas y niños en promotores del respeto y la convivencia con los refugiados dentro de sus familias y comunidades, a fin de que chicos como Cristian puedan superar el desarraigo e integrarse a su nuevo entorno rápidamente.

Nellys Orta, maestra de sexto grado, dice haber “observado como las actividades emprendidas en la escuela han contribuido a que algunos niños, que en un principio eran discriminados por su raza, hayan sido integrados de manera armónica tras un cambio de actitud en el resto de la clase”.

De acuerdo a autoridades consulares de Colombia unos dos millones de sus ciudadanos han migrado a Venezuela por diversas razones, la mitad de los cuales se encuentra residenciada en Caracas.

A pesar de que en los registros del ACNUR solo figuran 10.250 refugiados y solicitantes de refugio, se estima que del universo de inmigrantes colombianos en Venezuela, unos 200 mil han huido a causa del conflicto interno en su país durante la última década.

Uno de los retos del ACNUR es llevar información hasta las comunidades donde habitan estas personas en necesidad de protección, que al no poseer documentos ven a menudo limitado su derecho a acceder a un trabajo digno y a transitar sin temor por el territorio nacional.

Por Ligimat Pérez y Verónica Bagnoli (ACNUR-Venezuela)
 

 
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